domingo, 18 de mayo de 2008

6. YO, CERVANTES

Soy Miguel de Cervantes, autor del libro El Quijote. Nací el año 1547 en la fabulosa Alcalá de Henares, en el período el mítico Siglo de Oro español, a caballos entre el Renacimiento y el Barroco. Debo mi formación a una escuela de Jesuitas que fui de joven, y también a mi movida vida de viajes que me cultivó aun más. Durante el reinado del rey Felipe II, estuve en el servicio militar y luché en la batalla de Lepando donde me hirieron de un brazo el cual se me quedó inmóvil, y me pusieron el mote de El manco de Lepanto, junto con el otro que también me adhirieron: El príncipe de los ingenios.
Durante un viaje en naves los moriscos me tomaron preso porque pensaron que era un personaje importante. Estuve preso en Argel durante cinco años y medio, durante los cuales intenté escapar cuatro veces, asta que me llevaron ante el rey Hazán Bajá, pero no me castigó porque nosotros teníamos una relación especial a diferencia de los demás presos. Asta que en 1580 me rescataron por el pobre precio de 500 ducados. Todo esto lo he materializado en dos obras: Los tratos de Argel y Los baños de Argel, aunque también lo simbolicé en la historia del cautivo en la primera parte de la gran obra del protagonista Don Quijote.
Tuve un bajón en mi vida en 1584 cuando mi mujer murió.
Para que se supiera como soy yo, un gran autor, me autorretraté y lo incluí en el prólogo de Novelas ejemplares. Otra de mis grandes obras es El Quijote, cuando lo publiqué en mis 58 años la primera de las dos partes de este, y diez años más tarde, con 68 años, la segunda.
Aunque estoy algo enemistado con algunos autores nacionales españoles, porque no creen que yo pueda ser un gran autor debido a mi estatus social, me llevo bien con alguno de ellos.
Ya tardíamente, estuve de nuevo en la prisión de Sevilla, y seguramente por culpa de mi padre, ya que como era cobrador de impuestos, y no honrado debido a su fama de ladrón, me tomaron a mi también por un vulgar ladrón y me encarcelaron.
Discurso de Sancho a su mujer cuando llegan a la aldea por su ausencia:

- Mi amada mujer como te he echado de menos, después de tanto tiempo… sin tu calor, sin tus guisados…
- No Sancho, esto no es así de fácil, ¡¿dónde has estado?!
- Pues mira yo te lo explico todo, pero que sepas que nuestra vida va a cambiar, y todo gracias a Quijote, ese caballero en busca de aventuras, que como yo me añadí a ellas y he sido su fiel amigo y escudero me prometió ser gobernador de una ínsula cuando hubiera conseguido su reino!
- Pero ese es un loco, yo no me lo creo…
- No está loco, solo que a veces tiene alucinaciones, pero estoy seguro que pronto conseguirá su reino y me regalará una ínsula como recompensa de todos este tiempo a su lado, y yo seré el gobernador, y tu tendrás muchos siervos a tu servicio y los podrás mandar que hagan las tareas de casa, que trabajen el campo, que te cocinen, todo! Y además seguro que tendremos dinero ya que con él siempre recibimos recompensas por sus misiones como caballero, como estas monedas mira!
- A ver! Si…Está bien te creo, pero espero que sea verdad…Y ¿cuándo dices que podremos tener todo eso?
- No lo sé exactamente, pero pronto mujer no te preocupes, seremos los gobernadores únicos con el poder de la ínsula, y nos pagaran impuestos los que quieran vivir en ella, y sino nos hacemos un palacio para nosotros solos y los siervos que tu quieras…! Ahora tengo que volver a la casa de Don Quijote para ver que pasa y si volvemos a las aventuras.