viernes, 6 de junio de 2008
domingo, 18 de mayo de 2008
19. Descripción del sueño de un personaje.
Durmiendo Don Quijote y Sancho en una de sus muchas noches de aventura en medio de paradero desconocido de la inmensa naturaleza manchega, cuando el caballero balbucea débiles palabras y da pequeños brincos durmiendo. Ya está con el gran gigante que acuda a la princesa Micomicona con su gran yelmo, armadura y espada invulnerables en manos de tal grandeza caballeresca. Unas grandes rocas ascendientes a su derecha y apartados árboles a su izquierda le proporcionan un gran campo de batalla para librar su lucha contra su enemigo y vencer para así expandir su fama por todas las tierras conocidas. Pues así el gigante se lanzó al acecho y nuestro caballero pudo esquivar esta vez el ataque tirándose a un lado y quedando detrás suyo la pared de roca, y delante el temeroso gigante. Don Quijote desesperado y sin ideas para salir de esta no sabe que hacer, y lo que se lo ocurre es arremeter contra el monstruo con los ojos cerrados para no ver lo que le pueda pasar, y entonces vio su espada clavada en el enorme vientre del gigante y tiró de ella con todas sus fuerzas escasas hacia arriba para desgarrarle. La bestia cayó hacia atrás, el caballero se subió encima, se dirigió asta su cabeza, puso un pie más alzado en su barbilla mirando hacia el rojizo horizonte como el capitán de una nave en la punta de proa con viento en popa y levantó la espada en posición de victoria y gloria. Se giró de espaldas y vio a su compañero y fiel amigo Sancho en lo alto de las rocas, que con la ayuda de su burro, consiguió lanzar una pesada roca justo en la cabeza del gigante para aturdirlo y dejarle el trabajo a su amo más fácil.
Con satisfacción el escudero cumplió con su función a su amo y amigo y lo dejó sorprendido por su ayuda y más convencido para el cumplimiento de su promesa de la ínsula y compañía en nuevas aventuras.
Durmiendo Don Quijote y Sancho en una de sus muchas noches de aventura en medio de paradero desconocido de la inmensa naturaleza manchega, cuando el caballero balbucea débiles palabras y da pequeños brincos durmiendo. Ya está con el gran gigante que acuda a la princesa Micomicona con su gran yelmo, armadura y espada invulnerables en manos de tal grandeza caballeresca. Unas grandes rocas ascendientes a su derecha y apartados árboles a su izquierda le proporcionan un gran campo de batalla para librar su lucha contra su enemigo y vencer para así expandir su fama por todas las tierras conocidas. Pues así el gigante se lanzó al acecho y nuestro caballero pudo esquivar esta vez el ataque tirándose a un lado y quedando detrás suyo la pared de roca, y delante el temeroso gigante. Don Quijote desesperado y sin ideas para salir de esta no sabe que hacer, y lo que se lo ocurre es arremeter contra el monstruo con los ojos cerrados para no ver lo que le pueda pasar, y entonces vio su espada clavada en el enorme vientre del gigante y tiró de ella con todas sus fuerzas escasas hacia arriba para desgarrarle. La bestia cayó hacia atrás, el caballero se subió encima, se dirigió asta su cabeza, puso un pie más alzado en su barbilla mirando hacia el rojizo horizonte como el capitán de una nave en la punta de proa con viento en popa y levantó la espada en posición de victoria y gloria. Se giró de espaldas y vio a su compañero y fiel amigo Sancho en lo alto de las rocas, que con la ayuda de su burro, consiguió lanzar una pesada roca justo en la cabeza del gigante para aturdirlo y dejarle el trabajo a su amo más fácil.
Con satisfacción el escudero cumplió con su función a su amo y amigo y lo dejó sorprendido por su ayuda y más convencido para el cumplimiento de su promesa de la ínsula y compañía en nuevas aventuras.
6. YO, CERVANTES
Soy Miguel de Cervantes, autor del libro El Quijote. Nací el año 1547 en la fabulosa Alcalá de Henares, en el período el mítico Siglo de Oro español, a caballos entre el Renacimiento y el Barroco. Debo mi formación a una escuela de Jesuitas que fui de joven, y también a mi movida vida de viajes que me cultivó aun más. Durante el reinado del rey Felipe II, estuve en el servicio militar y luché en la batalla de Lepando donde me hirieron de un brazo el cual se me quedó inmóvil, y me pusieron el mote de El manco de Lepanto, junto con el otro que también me adhirieron: El príncipe de los ingenios.
Durante un viaje en naves los moriscos me tomaron preso porque pensaron que era un personaje importante. Estuve preso en Argel durante cinco años y medio, durante los cuales intenté escapar cuatro veces, asta que me llevaron ante el rey Hazán Bajá, pero no me castigó porque nosotros teníamos una relación especial a diferencia de los demás presos. Asta que en 1580 me rescataron por el pobre precio de 500 ducados. Todo esto lo he materializado en dos obras: Los tratos de Argel y Los baños de Argel, aunque también lo simbolicé en la historia del cautivo en la primera parte de la gran obra del protagonista Don Quijote.
Tuve un bajón en mi vida en 1584 cuando mi mujer murió.
Para que se supiera como soy yo, un gran autor, me autorretraté y lo incluí en el prólogo de Novelas ejemplares. Otra de mis grandes obras es El Quijote, cuando lo publiqué en mis 58 años la primera de las dos partes de este, y diez años más tarde, con 68 años, la segunda.
Aunque estoy algo enemistado con algunos autores nacionales españoles, porque no creen que yo pueda ser un gran autor debido a mi estatus social, me llevo bien con alguno de ellos.
Ya tardíamente, estuve de nuevo en la prisión de Sevilla, y seguramente por culpa de mi padre, ya que como era cobrador de impuestos, y no honrado debido a su fama de ladrón, me tomaron a mi también por un vulgar ladrón y me encarcelaron.
Soy Miguel de Cervantes, autor del libro El Quijote. Nací el año 1547 en la fabulosa Alcalá de Henares, en el período el mítico Siglo de Oro español, a caballos entre el Renacimiento y el Barroco. Debo mi formación a una escuela de Jesuitas que fui de joven, y también a mi movida vida de viajes que me cultivó aun más. Durante el reinado del rey Felipe II, estuve en el servicio militar y luché en la batalla de Lepando donde me hirieron de un brazo el cual se me quedó inmóvil, y me pusieron el mote de El manco de Lepanto, junto con el otro que también me adhirieron: El príncipe de los ingenios.
Durante un viaje en naves los moriscos me tomaron preso porque pensaron que era un personaje importante. Estuve preso en Argel durante cinco años y medio, durante los cuales intenté escapar cuatro veces, asta que me llevaron ante el rey Hazán Bajá, pero no me castigó porque nosotros teníamos una relación especial a diferencia de los demás presos. Asta que en 1580 me rescataron por el pobre precio de 500 ducados. Todo esto lo he materializado en dos obras: Los tratos de Argel y Los baños de Argel, aunque también lo simbolicé en la historia del cautivo en la primera parte de la gran obra del protagonista Don Quijote.
Tuve un bajón en mi vida en 1584 cuando mi mujer murió.
Para que se supiera como soy yo, un gran autor, me autorretraté y lo incluí en el prólogo de Novelas ejemplares. Otra de mis grandes obras es El Quijote, cuando lo publiqué en mis 58 años la primera de las dos partes de este, y diez años más tarde, con 68 años, la segunda.
Aunque estoy algo enemistado con algunos autores nacionales españoles, porque no creen que yo pueda ser un gran autor debido a mi estatus social, me llevo bien con alguno de ellos.
Ya tardíamente, estuve de nuevo en la prisión de Sevilla, y seguramente por culpa de mi padre, ya que como era cobrador de impuestos, y no honrado debido a su fama de ladrón, me tomaron a mi también por un vulgar ladrón y me encarcelaron.
Discurso de Sancho a su mujer cuando llegan a la aldea por su ausencia:
- Mi amada mujer como te he echado de menos, después de tanto tiempo… sin tu calor, sin tus guisados…
- No Sancho, esto no es así de fácil, ¡¿dónde has estado?!
- Pues mira yo te lo explico todo, pero que sepas que nuestra vida va a cambiar, y todo gracias a Quijote, ese caballero en busca de aventuras, que como yo me añadí a ellas y he sido su fiel amigo y escudero me prometió ser gobernador de una ínsula cuando hubiera conseguido su reino!
- Pero ese es un loco, yo no me lo creo…
- No está loco, solo que a veces tiene alucinaciones, pero estoy seguro que pronto conseguirá su reino y me regalará una ínsula como recompensa de todos este tiempo a su lado, y yo seré el gobernador, y tu tendrás muchos siervos a tu servicio y los podrás mandar que hagan las tareas de casa, que trabajen el campo, que te cocinen, todo! Y además seguro que tendremos dinero ya que con él siempre recibimos recompensas por sus misiones como caballero, como estas monedas mira!
- A ver! Si…Está bien te creo, pero espero que sea verdad…Y ¿cuándo dices que podremos tener todo eso?
- No lo sé exactamente, pero pronto mujer no te preocupes, seremos los gobernadores únicos con el poder de la ínsula, y nos pagaran impuestos los que quieran vivir en ella, y sino nos hacemos un palacio para nosotros solos y los siervos que tu quieras…! Ahora tengo que volver a la casa de Don Quijote para ver que pasa y si volvemos a las aventuras.
- Mi amada mujer como te he echado de menos, después de tanto tiempo… sin tu calor, sin tus guisados…
- No Sancho, esto no es así de fácil, ¡¿dónde has estado?!
- Pues mira yo te lo explico todo, pero que sepas que nuestra vida va a cambiar, y todo gracias a Quijote, ese caballero en busca de aventuras, que como yo me añadí a ellas y he sido su fiel amigo y escudero me prometió ser gobernador de una ínsula cuando hubiera conseguido su reino!
- Pero ese es un loco, yo no me lo creo…
- No está loco, solo que a veces tiene alucinaciones, pero estoy seguro que pronto conseguirá su reino y me regalará una ínsula como recompensa de todos este tiempo a su lado, y yo seré el gobernador, y tu tendrás muchos siervos a tu servicio y los podrás mandar que hagan las tareas de casa, que trabajen el campo, que te cocinen, todo! Y además seguro que tendremos dinero ya que con él siempre recibimos recompensas por sus misiones como caballero, como estas monedas mira!
- A ver! Si…Está bien te creo, pero espero que sea verdad…Y ¿cuándo dices que podremos tener todo eso?
- No lo sé exactamente, pero pronto mujer no te preocupes, seremos los gobernadores únicos con el poder de la ínsula, y nos pagaran impuestos los que quieran vivir en ella, y sino nos hacemos un palacio para nosotros solos y los siervos que tu quieras…! Ahora tengo que volver a la casa de Don Quijote para ver que pasa y si volvemos a las aventuras.
9. LOS BETSELLER DEL SIGLO DE ORO. Ya hemos explicado en clase las obras narrativas que se leían en los tiempos de Cervantes. Tenéis que escoger dos géneros e inventaros el argumento de dos novelas de esa tipología.
Novela picaresca:
Antaño en una villa tranquila y normal como cualquier otra, una mujer de avanzada edad y descuidado aspecto vivía en una gran e independiente casa algo a alas afueras de esta villa. Era alta y bastante ancha con un patio que la rodeaba por completo y un gran jardín desde al portal del muro del patio asta la puerta de la casa lleno de flores, arbustos y árboles de gran albergadora y todo sin una forma determinada, y varias fuentes y estatuas oscurecidas por el camino estrecho de piedra blanquita y pequeños brotes de hierba en el. Ella tenía un aspecto parecido al de la casa, con la cara bastante arrugada, pelo blanco y despeinado, y una ropa que parecía que viniera con una máquina del tiempo desde un siglo atrás. Su carácter no es que fuera maligno ni mucho menos, solo que tenía un aspecto a tener en cuenta: se reservaba su dinero como si su vida dependiera de ello, siempre intentaba ahorrar y odiaba pagar a alguien por un trabajo que según ella no merecía dinero, como criados o jardineros que le mantengan la casa en orden y limpia, así que todo lo guardaba en un cofre que solo abría para irse a comprar comida y poco más. Pues así un día conoció a la mejor amiga de su querido nieto, una jovencita rubia algo más bajita que él, que estaban en el supermercado del pueblo comprando unas golosinas para merendar. Ellos no se llevaban muy bien ya que ella estaba reñida con la mayoría de la familia, ya que sus padres no estaban en un muy buen estado económico y ella no les prestaba ni una moneda, así que ninguno decidió decirse nada aunque se intercambiaban miradas.
Ocurrió cuando Isabel, la vieja, salió de la tienda y unos metros más allá, antes de llegar a su casa que estaba a dos pasos, cuando se giró, vio que un hombre desesperado y con mal aspecto pedía dinero al de la tienda y cogió a la amiga de su nieto como rehén, y como el se la quería mucho se lanzó a ayudarla y el hombre también lo cogió y los tenía con un cuchillo en la mano. La abuela impotente, oía los gritos y finalmente súplicas del nieto para que le diera el dinero que pedía el hombre, que era una cantidad bastante elevada. Quiso hacer como que la edad no la dejaba oír y seguir con su camino y no perder un dinero muy preciado para ella, pero no se pudo resistir, se acercó y le dijo:
- Tú engreído, aceptas que ¿si yo te doy el dinero que pides, dejarás ir a los niñitos sin ningún rasguño?
- ¿Quién eres tu vieja?
- Soy la rica abuela de este jovencito que tiene en tu poder, así que has tenido suerte…
- ¡Está bien pero espero que no sea una trampa!
- Espera aquí un momento.
Isabel se fue a su casa, cogió su preciado baúl, cogió casi todo el dinero que había, y algo más que se guardó en un bolsillo. Llegó al lugar del enredo y dijo:
- Aquí tienes el dinero.
- Acércate poco a poco y déjamelo ahí delante.
- Ahora ellos…
Los dejó ir y ella los abrazó, en especial a su nieto, como nunca en su vida aun había hecho. El impertinente desapareció, y ella se fue de nuevo a la tienda donde con el otro dinero que se había guardado, les compró una gran bolsa de la comida que quisieron, se dirigieron a al casa de sus padres, el nieto explicó todo lo que había pasado, y esa noche pasaron un cena en familia como tampoco nunca habían hecho aun, y así vivieron todos en armonía, aunque ahora Isabel se tuviera que conformar con lo poco que ganara y el gran vacío que había llenado en su vida.
Novela bizantina:
En un pueblo bastante grande, había una especia de asociación hacía ya muchos años, para hacer actividades para los jóvenes, como aprovechar y hacer tareas para el pueblo, o inspeccionar los bosques y montañas de los alrededores…Una de las muchas chicas que había en ella se llamaba Felicia, era aun doncella y no había tenido una vida amorosa muy importante. Una nueva familia llegó al pueblo en una casa que le había sido otorgada de herencia. Un chico estaba en la familia, de la misma edad que Felicia, y era bastante atractivo: se llamaba Jacinto. Como aun no tenía amigos en el pueblo, sus padres decidieron apuntarle en esa asociación. Una de las mañanas de las que se reunían, estos dos se encontraron algo atrasado del grupo que iba por el campo recogiendo toda variedad de flores, se dieron cuenta y empezaron hablar de sus flores, luego de su vida, asta que se dieron cuenta y los llamaron para ya volver al pueblo porque ya había pasado el mediodía. Esta fue la primera vez que Jacinto tuvo el primer contacto amistoso con uno de ellos, en especial una chica guapa y simpática. Al día siguiente ya se reunieron juntos y hicieron varias actividades en parejas, y así fue aumentando su lazo amistoso asta que por las noches también se veían con algunos amigos más para charlar y demás. Así asta que llegaron al tema amoroso, y cuando ella no se había dado cuenta de sus sentimientos, él le dijo que sus padres habían iniciado trámites para casarse con una chica rica del otro pueblo que vivía antes, pero que a él no le gustaba. Ella se quedó de piedra, aunque lo supo disimular y él no se dio cuenta.
Así pasaron unos días asta que ella no podía aguantar más sin decírselo, cada día pasaba con él ratos fantásticos, que le alegraban la vida, pero lo pero fue cuando el día en que estaba decidida para decírselo, Jacinto tenía que marcharse a su pueblo para contraer matrimonio con la chica elegida por sus padres a conveniencia.
Se fue a despedir al menos pero él la notó algo rara, igual que los padres de Jacinto a él, y la causa de ambos era la misma, Así que como Jacinto ya lo sabía, ordenó a uno de sus criados de confianza que lo tenía que acompañar en el carro asta allí, ya que sus padres iban en otro, que los engañara y subiera otro chico por él, y así poder quedarse con ella. Así lo hizo y grato enfado que cogieron sus padres al llegar y ver que él no estaba, y el zueco se hacía el criado. Vieron que efectivamente era por esa chica que temían y decidieron volver para obligarle a venir. Pero cuando llegaron al pueblo, ya todo el mundo al corriente del amor de los dos jóvenes y su justo amor, al ver acercarse el carro de los padres se pusieron delante de los jóvenes para impedir su injusta separación, y al bajar, todos empezaron a abuchearlos, e impotentes al ver la escena, sus padres decidieron dejarlos juntos cumpliendo así como buenos padres y arreglar el matrimonio que tenían concertado con la excusa de que si hijo había contraído una grave enfermedad contagios y que por lo tanto no podía ser.
Novela picaresca:
Antaño en una villa tranquila y normal como cualquier otra, una mujer de avanzada edad y descuidado aspecto vivía en una gran e independiente casa algo a alas afueras de esta villa. Era alta y bastante ancha con un patio que la rodeaba por completo y un gran jardín desde al portal del muro del patio asta la puerta de la casa lleno de flores, arbustos y árboles de gran albergadora y todo sin una forma determinada, y varias fuentes y estatuas oscurecidas por el camino estrecho de piedra blanquita y pequeños brotes de hierba en el. Ella tenía un aspecto parecido al de la casa, con la cara bastante arrugada, pelo blanco y despeinado, y una ropa que parecía que viniera con una máquina del tiempo desde un siglo atrás. Su carácter no es que fuera maligno ni mucho menos, solo que tenía un aspecto a tener en cuenta: se reservaba su dinero como si su vida dependiera de ello, siempre intentaba ahorrar y odiaba pagar a alguien por un trabajo que según ella no merecía dinero, como criados o jardineros que le mantengan la casa en orden y limpia, así que todo lo guardaba en un cofre que solo abría para irse a comprar comida y poco más. Pues así un día conoció a la mejor amiga de su querido nieto, una jovencita rubia algo más bajita que él, que estaban en el supermercado del pueblo comprando unas golosinas para merendar. Ellos no se llevaban muy bien ya que ella estaba reñida con la mayoría de la familia, ya que sus padres no estaban en un muy buen estado económico y ella no les prestaba ni una moneda, así que ninguno decidió decirse nada aunque se intercambiaban miradas.
Ocurrió cuando Isabel, la vieja, salió de la tienda y unos metros más allá, antes de llegar a su casa que estaba a dos pasos, cuando se giró, vio que un hombre desesperado y con mal aspecto pedía dinero al de la tienda y cogió a la amiga de su nieto como rehén, y como el se la quería mucho se lanzó a ayudarla y el hombre también lo cogió y los tenía con un cuchillo en la mano. La abuela impotente, oía los gritos y finalmente súplicas del nieto para que le diera el dinero que pedía el hombre, que era una cantidad bastante elevada. Quiso hacer como que la edad no la dejaba oír y seguir con su camino y no perder un dinero muy preciado para ella, pero no se pudo resistir, se acercó y le dijo:
- Tú engreído, aceptas que ¿si yo te doy el dinero que pides, dejarás ir a los niñitos sin ningún rasguño?
- ¿Quién eres tu vieja?
- Soy la rica abuela de este jovencito que tiene en tu poder, así que has tenido suerte…
- ¡Está bien pero espero que no sea una trampa!
- Espera aquí un momento.
Isabel se fue a su casa, cogió su preciado baúl, cogió casi todo el dinero que había, y algo más que se guardó en un bolsillo. Llegó al lugar del enredo y dijo:
- Aquí tienes el dinero.
- Acércate poco a poco y déjamelo ahí delante.
- Ahora ellos…
Los dejó ir y ella los abrazó, en especial a su nieto, como nunca en su vida aun había hecho. El impertinente desapareció, y ella se fue de nuevo a la tienda donde con el otro dinero que se había guardado, les compró una gran bolsa de la comida que quisieron, se dirigieron a al casa de sus padres, el nieto explicó todo lo que había pasado, y esa noche pasaron un cena en familia como tampoco nunca habían hecho aun, y así vivieron todos en armonía, aunque ahora Isabel se tuviera que conformar con lo poco que ganara y el gran vacío que había llenado en su vida.
Novela bizantina:
En un pueblo bastante grande, había una especia de asociación hacía ya muchos años, para hacer actividades para los jóvenes, como aprovechar y hacer tareas para el pueblo, o inspeccionar los bosques y montañas de los alrededores…Una de las muchas chicas que había en ella se llamaba Felicia, era aun doncella y no había tenido una vida amorosa muy importante. Una nueva familia llegó al pueblo en una casa que le había sido otorgada de herencia. Un chico estaba en la familia, de la misma edad que Felicia, y era bastante atractivo: se llamaba Jacinto. Como aun no tenía amigos en el pueblo, sus padres decidieron apuntarle en esa asociación. Una de las mañanas de las que se reunían, estos dos se encontraron algo atrasado del grupo que iba por el campo recogiendo toda variedad de flores, se dieron cuenta y empezaron hablar de sus flores, luego de su vida, asta que se dieron cuenta y los llamaron para ya volver al pueblo porque ya había pasado el mediodía. Esta fue la primera vez que Jacinto tuvo el primer contacto amistoso con uno de ellos, en especial una chica guapa y simpática. Al día siguiente ya se reunieron juntos y hicieron varias actividades en parejas, y así fue aumentando su lazo amistoso asta que por las noches también se veían con algunos amigos más para charlar y demás. Así asta que llegaron al tema amoroso, y cuando ella no se había dado cuenta de sus sentimientos, él le dijo que sus padres habían iniciado trámites para casarse con una chica rica del otro pueblo que vivía antes, pero que a él no le gustaba. Ella se quedó de piedra, aunque lo supo disimular y él no se dio cuenta.
Así pasaron unos días asta que ella no podía aguantar más sin decírselo, cada día pasaba con él ratos fantásticos, que le alegraban la vida, pero lo pero fue cuando el día en que estaba decidida para decírselo, Jacinto tenía que marcharse a su pueblo para contraer matrimonio con la chica elegida por sus padres a conveniencia.
Se fue a despedir al menos pero él la notó algo rara, igual que los padres de Jacinto a él, y la causa de ambos era la misma, Así que como Jacinto ya lo sabía, ordenó a uno de sus criados de confianza que lo tenía que acompañar en el carro asta allí, ya que sus padres iban en otro, que los engañara y subiera otro chico por él, y así poder quedarse con ella. Así lo hizo y grato enfado que cogieron sus padres al llegar y ver que él no estaba, y el zueco se hacía el criado. Vieron que efectivamente era por esa chica que temían y decidieron volver para obligarle a venir. Pero cuando llegaron al pueblo, ya todo el mundo al corriente del amor de los dos jóvenes y su justo amor, al ver acercarse el carro de los padres se pusieron delante de los jóvenes para impedir su injusta separación, y al bajar, todos empezaron a abuchearlos, e impotentes al ver la escena, sus padres decidieron dejarlos juntos cumpliendo así como buenos padres y arreglar el matrimonio que tenían concertado con la excusa de que si hijo había contraído una grave enfermedad contagios y que por lo tanto no podía ser.
4. DON QUIJOTE Y SANCHO TIENEN UNA NUEVA AVENTURA
Por un árido, extenso y desolado descampado iban los tres aventureros de caminos, ya Rocinante relinchaba de aborrecimiento por un largo viaje ya sin contratiempos por aquel lugar, cuando Sancho deseaba ya encontrar una venta cualquiera, y el valeroso caballero un fortificado castillo para reposar durante unos días, cuando entre la neblina calurosa del horizonte otra triste figura apareció, pareciendo un espejismo del propio Don Quijote.
Ya entonces avistados, supieron distinguir al desconocido como otro sorprendente caballero andante armado y con montura que se dirigía hacia ellos, o ellos hacia él. Cuando estuvieron a una distancia considerable, los dos con su espíritu caballeresco, pararon, se miraron mutuamente desafiantes, y de repente Don Quijote arrancó al galope igual que el otro caballero, cuando Sancho también quiso seguirle gritaba:
- Mi señor, ¡no vayáis, no sabéis quien es, podéis morir, pensad en Dulcinea, vuestra amada que os espera! -. Pero en vano gritó el desesperado escudero.
Los caballeros decididos estaban cada vez más cerca, con armas en alerta, lanza alzada y apurando las últimas energías de sus desgastados caballos. Entonces, en medio del desierto paisaje se oyó un impacto metálico, y los caballos dejaron de galopar ya exhaustos. Sancho vio a los dos caballeros extendidos en el suelo, y de igual manera con la lengua fuera Rocinante y el otro caballo.
El escudero se acercó a su amo y le quitó el baciyelmo para comprobar si salía y entraba aire por los orificios de su triste cara, y pedirle que se levantara para comprobar que no tenía ninguna herida grave:
- ¿Cómo estáis señor? – preguntó Sancho Panza.
- Me pesa la deshonra por perder contra un aficionado de este arte.
- No es del todo así señor, mirad allí…
Don Quijote miró a unos metros hacia su diestra y vio al otro caballero también en el suelo resintiéndose de su caída. Los dos atrevidos se levantaron, y ya sin fuerzas para batirse en una lucha con espada, se pudieron ver el rostro: era un hombre, aunque de edad avanzada y barba blanca en su cara, tenía un rostro bello para su edad y estado de ese momento, que parecía que ese día aun no había comido nada y se le notaban los pómulos de la cara, sin imaginar su cuerpo huesudo deducible por su envergadura. En este primer momento, ya consciente y fuera de imaginaciones caballerescas se quedó sorprendido al ver aquel hombre con una armadura antigua y armas como él.
- ¿Quién sois atrevido jinete?- le preguntó Don Quijote sorprendido por la rapidez de su pequeño y aunque flaco, robusto caballo.
- Pues un caballero igual que usted, supongo- dijo.
El caballero y escudero quedaron algo sorprendidos al oír como el caballero pronunciaba mal las erres.
- ¿Cuál es vuestro nombre?- preguntó Don Quijote para saber como dirigirse a él y saber si tenía alguna referencia de su linaje o lugar de procedencia.
- Soy Don Pierre, nacido en el puerto de Marsella. Y vos, ¿Quién sois valeroso caballero?-
- Don Quijote de la Mancha, y estos son mi escudero Sancho Panza y mi caballo Rocinante. ¿Qué os trae por estas lejanas tierras?
- Voy en busca de mi hijo que fue detenido injustamente en nuestro pueblo al norte de este país, cuando le pusieron grilletes junto con delincuentes, y unos soldados se los llevaron hacia el sur, entonces me armé para liberarlo e intenté seguir su rastro, pero lo perdí hace unos días, y estoy perdido.
- Pues no sigas preocupado, porque liberé a tu hijo un día a caballo hacia aquella dirección de donde vengo.- le contestó Don Quijote satisfecho de su ayuda al desesperado caballero.
- Merci humilde y justiciero caballero. Solo tengo esta joya familiar de oro para entregarte por tu gratitud: sería un honor que aceptaras este obsequio…-
- Lo acepto con mucho gusto y te deseo suerte en su encuentro.
Ya con el ánimo más alto, el caballero galo tomó su montura y se despidió con agradecimientos en su idioma y se disipó en el horizonte. Y así los dos personajes consiguieron una recompensa que se repartieron-por supuesto que el caballero se quedó más que el escudero- después de un día aburrido y sin aventuras.
Por un árido, extenso y desolado descampado iban los tres aventureros de caminos, ya Rocinante relinchaba de aborrecimiento por un largo viaje ya sin contratiempos por aquel lugar, cuando Sancho deseaba ya encontrar una venta cualquiera, y el valeroso caballero un fortificado castillo para reposar durante unos días, cuando entre la neblina calurosa del horizonte otra triste figura apareció, pareciendo un espejismo del propio Don Quijote.
Ya entonces avistados, supieron distinguir al desconocido como otro sorprendente caballero andante armado y con montura que se dirigía hacia ellos, o ellos hacia él. Cuando estuvieron a una distancia considerable, los dos con su espíritu caballeresco, pararon, se miraron mutuamente desafiantes, y de repente Don Quijote arrancó al galope igual que el otro caballero, cuando Sancho también quiso seguirle gritaba:
- Mi señor, ¡no vayáis, no sabéis quien es, podéis morir, pensad en Dulcinea, vuestra amada que os espera! -. Pero en vano gritó el desesperado escudero.
Los caballeros decididos estaban cada vez más cerca, con armas en alerta, lanza alzada y apurando las últimas energías de sus desgastados caballos. Entonces, en medio del desierto paisaje se oyó un impacto metálico, y los caballos dejaron de galopar ya exhaustos. Sancho vio a los dos caballeros extendidos en el suelo, y de igual manera con la lengua fuera Rocinante y el otro caballo.
El escudero se acercó a su amo y le quitó el baciyelmo para comprobar si salía y entraba aire por los orificios de su triste cara, y pedirle que se levantara para comprobar que no tenía ninguna herida grave:
- ¿Cómo estáis señor? – preguntó Sancho Panza.
- Me pesa la deshonra por perder contra un aficionado de este arte.
- No es del todo así señor, mirad allí…
Don Quijote miró a unos metros hacia su diestra y vio al otro caballero también en el suelo resintiéndose de su caída. Los dos atrevidos se levantaron, y ya sin fuerzas para batirse en una lucha con espada, se pudieron ver el rostro: era un hombre, aunque de edad avanzada y barba blanca en su cara, tenía un rostro bello para su edad y estado de ese momento, que parecía que ese día aun no había comido nada y se le notaban los pómulos de la cara, sin imaginar su cuerpo huesudo deducible por su envergadura. En este primer momento, ya consciente y fuera de imaginaciones caballerescas se quedó sorprendido al ver aquel hombre con una armadura antigua y armas como él.
- ¿Quién sois atrevido jinete?- le preguntó Don Quijote sorprendido por la rapidez de su pequeño y aunque flaco, robusto caballo.
- Pues un caballero igual que usted, supongo- dijo.
El caballero y escudero quedaron algo sorprendidos al oír como el caballero pronunciaba mal las erres.
- ¿Cuál es vuestro nombre?- preguntó Don Quijote para saber como dirigirse a él y saber si tenía alguna referencia de su linaje o lugar de procedencia.
- Soy Don Pierre, nacido en el puerto de Marsella. Y vos, ¿Quién sois valeroso caballero?-
- Don Quijote de la Mancha, y estos son mi escudero Sancho Panza y mi caballo Rocinante. ¿Qué os trae por estas lejanas tierras?
- Voy en busca de mi hijo que fue detenido injustamente en nuestro pueblo al norte de este país, cuando le pusieron grilletes junto con delincuentes, y unos soldados se los llevaron hacia el sur, entonces me armé para liberarlo e intenté seguir su rastro, pero lo perdí hace unos días, y estoy perdido.
- Pues no sigas preocupado, porque liberé a tu hijo un día a caballo hacia aquella dirección de donde vengo.- le contestó Don Quijote satisfecho de su ayuda al desesperado caballero.
- Merci humilde y justiciero caballero. Solo tengo esta joya familiar de oro para entregarte por tu gratitud: sería un honor que aceptaras este obsequio…-
- Lo acepto con mucho gusto y te deseo suerte en su encuentro.
Ya con el ánimo más alto, el caballero galo tomó su montura y se despidió con agradecimientos en su idioma y se disipó en el horizonte. Y así los dos personajes consiguieron una recompensa que se repartieron-por supuesto que el caballero se quedó más que el escudero- después de un día aburrido y sin aventuras.
7. DE LA NOVELA AL TEATRO
Capítulo XXII: Los galeotes
Mientras nuestros dos protagonistas caminaban por un bosque:
DON QUIJOTE: -¿Qué es esto?-
SANCHO PANZA: - Son prisioneros del rey a los galeotes señor…-
DQ: -Es decir, ¿les privan de su libertad?-
SP: -Más o menos.-
DQ: En ese caso, me veo obligado a liberarlos- dijo firmemente-.
SP: - ¡No os entrometáis por favor mi señor!-
El caballero se acercó al grupo de prisioneros y guardas que iban caminando.
DQ: ¿A qué se debe este encadenamiento?-
GUARDA1: Son prisioneros del rey condenados a los galeotes.-
DQ: ¿A dónde van?-
GUARDA1: - Nos dirigimos hacia el sur…- mientras el hidalgo se desplazaba hacia otro guarda mientras los miraba.
DQ: ¿Por qué el rey los ha condenado?- preguntó Don Quijote.
GUARDA2: -Todos han cometido sus delitos- contestó mirándolo.
DQ: ¿A qué le llamáis vosotros delitos?
GUARDA3: -Todos han sido condenados por el rey y no entiendo porque usted está interesado en saber por qué.-
DQ: -Quisiera saber le por qué, si no es mucho pedir.-
GUARDA3: -Pues uno por violación, otro por robar, otro por agresión a la autoridad, aquel por infiel….-
DQ: -Sí, lo entiendo, pero no tenéis derecho a encadenarlos.-
GUARDA3: - ¡Es usted el que no tiene derecho a poner en duda la autoridad del rey!-
DQ: -¡Pues ahora veréis!- dijo mientras desenvainaba la espada.
Entonces se desarrolló una lucha entre los guardas, Don Quijote, y Sancho que se vio obligado a intervenir, que acabaron aporreados, pero los presos consiguieron liberarse.
PRESOS: -¡Gracias valeroso hombre!¡te recordaremos siempre!
SP: - De nada…-dijo irónicamente Sancho, ya que él también los había ayudado y no se lo agradecieron.
Capítulo XXII: Los galeotes
Mientras nuestros dos protagonistas caminaban por un bosque:
DON QUIJOTE: -¿Qué es esto?-
SANCHO PANZA: - Son prisioneros del rey a los galeotes señor…-
DQ: -Es decir, ¿les privan de su libertad?-
SP: -Más o menos.-
DQ: En ese caso, me veo obligado a liberarlos- dijo firmemente-.
SP: - ¡No os entrometáis por favor mi señor!-
El caballero se acercó al grupo de prisioneros y guardas que iban caminando.
DQ: ¿A qué se debe este encadenamiento?-
GUARDA1: Son prisioneros del rey condenados a los galeotes.-
DQ: ¿A dónde van?-
GUARDA1: - Nos dirigimos hacia el sur…- mientras el hidalgo se desplazaba hacia otro guarda mientras los miraba.
DQ: ¿Por qué el rey los ha condenado?- preguntó Don Quijote.
GUARDA2: -Todos han cometido sus delitos- contestó mirándolo.
DQ: ¿A qué le llamáis vosotros delitos?
GUARDA3: -Todos han sido condenados por el rey y no entiendo porque usted está interesado en saber por qué.-
DQ: -Quisiera saber le por qué, si no es mucho pedir.-
GUARDA3: -Pues uno por violación, otro por robar, otro por agresión a la autoridad, aquel por infiel….-
DQ: -Sí, lo entiendo, pero no tenéis derecho a encadenarlos.-
GUARDA3: - ¡Es usted el que no tiene derecho a poner en duda la autoridad del rey!-
DQ: -¡Pues ahora veréis!- dijo mientras desenvainaba la espada.
Entonces se desarrolló una lucha entre los guardas, Don Quijote, y Sancho que se vio obligado a intervenir, que acabaron aporreados, pero los presos consiguieron liberarse.
PRESOS: -¡Gracias valeroso hombre!¡te recordaremos siempre!
SP: - De nada…-dijo irónicamente Sancho, ya que él también los había ayudado y no se lo agradecieron.
19. Descripción del sueño de un personaje.
Durmiendo Don Quijote y Sancho en una de sus muchas noches de aventura en medio de paradero desconocido de la inmensa naturaleza manchega, cuando el caballero balbucea débiles palabras y da pequeños brincos durmiendo. Ya está con el gran gigante que acuda a la princesa Micomicona con su gran yelmo, armadura y espada invulnerables en manos de tal grandeza caballeresca. Unas grandes rocas ascendientes a su derecha y apartados árboles a su izquierda le proporcionan un gran campo de batalla para librar su lucha contra su enemigo y vencer para así expandir su fama por todas las tierras conocidas. Pues así el gigante se lanzó al acecho y nuestro caballero pudo esquivar esta vez el ataque tirándose a un lado y quedando detrás suyo la pared de roca, y delante el temeroso gigante. Don Quijote desesperado y sin ideas para salir de esta no sabe que hacer, y lo que se lo ocurre es arremeter contra el monstruo con los ojos cerrados para no ver lo que le pueda pasar, y entonces vio su espada clavada en el enorme vientre del gigante y tiró de ella con todas sus fuerzas escasas hacia arriba para desgarrarle. La bestia cayó hacia atrás, el caballero se subió encima, se dirigió asta su cabeza, puso un pie más alzado en su barbilla mirando hacia el rojizo horizonte como el capitán de una nave en la punta de proa con viento en popa y levantó la espada en posición de victoria y gloria. Se giró de espaldas y vio a su compañero y fiel amigo Sancho en lo alto de las rocas, que con la ayuda de su burro, consiguió lanzar una pesada roca justo en la cabeza del gigante para aturdirlo y dejarle el trabajo a su amo más fácil.
Con satisfacción el escudero cumplió con su función a su amo y amigo y lo dejó sorprendido por su ayuda y más convencido para el cumplimiento de su promesa de la ínsula y compañía en nuevas aventuras.
Durmiendo Don Quijote y Sancho en una de sus muchas noches de aventura en medio de paradero desconocido de la inmensa naturaleza manchega, cuando el caballero balbucea débiles palabras y da pequeños brincos durmiendo. Ya está con el gran gigante que acuda a la princesa Micomicona con su gran yelmo, armadura y espada invulnerables en manos de tal grandeza caballeresca. Unas grandes rocas ascendientes a su derecha y apartados árboles a su izquierda le proporcionan un gran campo de batalla para librar su lucha contra su enemigo y vencer para así expandir su fama por todas las tierras conocidas. Pues así el gigante se lanzó al acecho y nuestro caballero pudo esquivar esta vez el ataque tirándose a un lado y quedando detrás suyo la pared de roca, y delante el temeroso gigante. Don Quijote desesperado y sin ideas para salir de esta no sabe que hacer, y lo que se lo ocurre es arremeter contra el monstruo con los ojos cerrados para no ver lo que le pueda pasar, y entonces vio su espada clavada en el enorme vientre del gigante y tiró de ella con todas sus fuerzas escasas hacia arriba para desgarrarle. La bestia cayó hacia atrás, el caballero se subió encima, se dirigió asta su cabeza, puso un pie más alzado en su barbilla mirando hacia el rojizo horizonte como el capitán de una nave en la punta de proa con viento en popa y levantó la espada en posición de victoria y gloria. Se giró de espaldas y vio a su compañero y fiel amigo Sancho en lo alto de las rocas, que con la ayuda de su burro, consiguió lanzar una pesada roca justo en la cabeza del gigante para aturdirlo y dejarle el trabajo a su amo más fácil.
Con satisfacción el escudero cumplió con su función a su amo y amigo y lo dejó sorprendido por su ayuda y más convencido para el cumplimiento de su promesa de la ínsula y compañía en nuevas aventuras.
12. Descripción del libro objeto con los cinco sentidos
Bello libro cuando lo ves al saber que es del fabuloso Cervantes, con oscura portada de azul marino e imagen del autor, junto con su título del famoso caballero y editorial. Finas y suaves sus páginas, pero voluminoso y grande el conjunto de las dos partes en que está dividida la revolucionaria historia del imaginario caballero. De plástico son la portada y contraportada a diferencia del simple papel amarillo como dientes de sarro y repletas de líneas largas con numeritos y explicaciones en cada pie de página por su simplicidad en el vocabulario arcaico español cuando ves y oyes el roce al pasar las páginas de los dedos que lo ojean y desprenden el olor a papel de libro que hacen resistir a cualquier paladar de probarlas.
Bello libro cuando lo ves al saber que es del fabuloso Cervantes, con oscura portada de azul marino e imagen del autor, junto con su título del famoso caballero y editorial. Finas y suaves sus páginas, pero voluminoso y grande el conjunto de las dos partes en que está dividida la revolucionaria historia del imaginario caballero. De plástico son la portada y contraportada a diferencia del simple papel amarillo como dientes de sarro y repletas de líneas largas con numeritos y explicaciones en cada pie de página por su simplicidad en el vocabulario arcaico español cuando ves y oyes el roce al pasar las páginas de los dedos que lo ojean y desprenden el olor a papel de libro que hacen resistir a cualquier paladar de probarlas.
11. El comienzo de la imaginación. A partir de las dos frases iniciales del libro escribe un micro relato (10-15 líneas) que no tenga nada que ver con el argumento de la novela.
En un lugar de la Mancha, cuyo nombre no quiero acordarme… vivía el famoso jinete que de todas sus carreras disputadas ninguna había perdido. En un mes, se iba a disputar una nueva carrera que atraía a jinetes de todo el mundo dispuestos a acabar con la fama de éste. A unos doscientos kilómetros al este de la ciudad donde se disputaba todos los años, uno joven jinete llamado Hermes, se entrenaba desde la infancia por llegar ser uno de los mejores jinetes que hayan existido jamás.
Cuando le llegó la noticia de la competición, su padre y él vieron la oportunidad de cumplir su sueño. Y así, entrenaron todo lo que pudieron para que Hermes y su caballo Eraclio, estuvieran en la máxima forma para tener un papel importante en ella, así que no pararon ningún día asta el anterior de la carrera. Ese era el día elegido por Dios para vencer al famoso jinete y convertirse en el mejor. Llegaron a la ciudad donde se competía, toda llena de establos, y de jinetes con hermosos caballos que parecían ganadores solo con su presencia, peor ninguno como el del gran jinete, negro y brillante con una aparente buena forma. Entonces, se delimitó el circuito alrededor de la ciudad, y dio comienzo la carrera.
Todos salieron bastante rápido, pero a media carrera la mitad de jinetes ya no estaban debido a caídas o del juego sucio de algunos, pero Hermes se mantuvo firme y al margen de estas disputas asta que se encontró a quinientos metros de la meta junto con el jinete negro y su caballo algo fatigado. Su contrincante se le acercaba e intentaba tirarlo, pero siempre sin éxito. Ya cerca de la meta, en el último esfuerzo, Hermes ganó por dos pies al gran favorito, y todo el mundo quedó sorprendido.
En un lugar de la Mancha, cuyo nombre no quiero acordarme… vivía el famoso jinete que de todas sus carreras disputadas ninguna había perdido. En un mes, se iba a disputar una nueva carrera que atraía a jinetes de todo el mundo dispuestos a acabar con la fama de éste. A unos doscientos kilómetros al este de la ciudad donde se disputaba todos los años, uno joven jinete llamado Hermes, se entrenaba desde la infancia por llegar ser uno de los mejores jinetes que hayan existido jamás.
Cuando le llegó la noticia de la competición, su padre y él vieron la oportunidad de cumplir su sueño. Y así, entrenaron todo lo que pudieron para que Hermes y su caballo Eraclio, estuvieran en la máxima forma para tener un papel importante en ella, así que no pararon ningún día asta el anterior de la carrera. Ese era el día elegido por Dios para vencer al famoso jinete y convertirse en el mejor. Llegaron a la ciudad donde se competía, toda llena de establos, y de jinetes con hermosos caballos que parecían ganadores solo con su presencia, peor ninguno como el del gran jinete, negro y brillante con una aparente buena forma. Entonces, se delimitó el circuito alrededor de la ciudad, y dio comienzo la carrera.
Todos salieron bastante rápido, pero a media carrera la mitad de jinetes ya no estaban debido a caídas o del juego sucio de algunos, pero Hermes se mantuvo firme y al margen de estas disputas asta que se encontró a quinientos metros de la meta junto con el jinete negro y su caballo algo fatigado. Su contrincante se le acercaba e intentaba tirarlo, pero siempre sin éxito. Ya cerca de la meta, en el último esfuerzo, Hermes ganó por dos pies al gran favorito, y todo el mundo quedó sorprendido.
21. El alfabeto de la novela. Resumen del contenido, las impresiones, las sensaciones de la novela en un listado alfabético de la A a la Z.
Amistad (por ejemplo la de los dos protagonistas)
Barbero (uno de los más importantes personajes secundarios)
Crisónomo (otro personaje secundario)
Dulcinea (la amada de Don Quijote)
Entusiasmo (el del hidalgo por el mundo de caballerías)
Fidelidad (del caballero a su amada, o cosa que no hay en la historia del curiosos impertinente)
Galeotes (una de las aventuras de los protagonistas)
Honra (otro de los temas de la obra)
Injusticias (como la de los galeotes según Quijote)
Justicia (que imparte el caballero)
Libertad (uno de los temas de la obra)
Micomicona (personaje de la obra)
Nostalgia (de Don Quijote)
Omisión
Pereza (caracteriza a Sancho)
Quijote (protagonista de la historia)
Rocinante (caballo del protagonista)
Seriedad (la del caballero siempre ente cualquier cosa)
Yelmo (de Don Quijote)
Toboso (supuesta aldea de la amada de Don Quijote)
Vacía (del barbero)
Amistad (por ejemplo la de los dos protagonistas)
Barbero (uno de los más importantes personajes secundarios)
Crisónomo (otro personaje secundario)
Dulcinea (la amada de Don Quijote)
Entusiasmo (el del hidalgo por el mundo de caballerías)
Fidelidad (del caballero a su amada, o cosa que no hay en la historia del curiosos impertinente)
Galeotes (una de las aventuras de los protagonistas)
Honra (otro de los temas de la obra)
Injusticias (como la de los galeotes según Quijote)
Justicia (que imparte el caballero)
Libertad (uno de los temas de la obra)
Micomicona (personaje de la obra)
Nostalgia (de Don Quijote)
Omisión
Pereza (caracteriza a Sancho)
Quijote (protagonista de la historia)
Rocinante (caballo del protagonista)
Seriedad (la del caballero siempre ente cualquier cosa)
Yelmo (de Don Quijote)
Toboso (supuesta aldea de la amada de Don Quijote)
Vacía (del barbero)
martes, 13 de mayo de 2008
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